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viernes, febrero 12, 2016

Tomar o no tomar lácteos. ¿Qué debemos hacer?

Existe una gran controversia sobre el consumo o no de productos lácteos en nuestra ingesta diaria. Lo cierto es que por más que he investigado sobre el tema, no consigo obtener respuestas contundentes que se decanten claramente a favor de una u otra decisión.

Desde deporte sin química hemos recopilado datos y artículos sobre ambas posturas. Tanto en uno como en otro, podemos encontrar evidencias basadas en estudios que determinan la veracidad de lo que literalmente se expone, por lo que no podemos inclinar la balanza hacia ninguno de los dos lados. Nuestra propuesta es que leáis ambas exposiciones y saquéis vuestras propias conclusiones. Nosotros así lo hemos hecho y al final del artículo te la mostramos.


¿Por que NO debemos tomar lácteos?

Los resultados de un estudio publicado en «British Medical Journal» que sugieren que una alta ingesta de leche en mujeres y hombres no se acompaña con un menor riesgo de fractura y que, por contra, puede estar asociada con una mayor tasa de muerte, reabren un debate sobre el consumo de leche.

Según el trabajo del «BMJ» la causa de este efecto ‘perjudicial’ de la leche estaría relacionado por los altos niveles de lactosa y la galactosa (tipos de azúcar) en la leche, que sí han demostrado que aumentan el estrés oxidativo y la inflamación crónica en animales.

Sin embargo, los investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), dirigidos por Karl Michaëlsson, señalan que su estudio sólo puede mostrar una asociación y no significa que haya una relación «causa-efecto». Por eso afirman que «deben interpretarse con cautela» y que se necesitan más estudios antes de sacar conclusiones firmes o hacer recomendaciones dietéticas.


Estrés oxidativo

Desde siempre que ha considerado que una dieta rica en productos lácteos reduce la probabilidad de fracturas osteoporóticas, pero de acuerdo con los autores de este trabajo investigaciones la revisión de algunas investigaciones que han analizado la importancia de la leche en la prevención de fracturas y la influencia en las tasas de mortalidad muestran resultados contradictorios.

Así que el equipo de Michaëlsson ha examinado si el alto consumo de leche puede aumentar el estrés oxidativo, que, a su vez, afecta el riesgo de mortalidad y de fractura ósea. Así analizaron los datos de dos grandes grupos; uno formado por 61.433 mujeres (de 39 a 74 años de edad) y el otro de 45.339 hombres (de 45 a 79 años de edad). Todo ellos completaron cuestionarios sobre la frecuencia con la que consumían determinados alimentos habituales, como la leche, el yogur o el queso. Asimismo recabaron información sobre su estilo de vida, peso y estatura y se tuvo en cuenta factores como el nivel de educación y el estado civil.

En total siguieron a las mujeres durante un promedio de 20 años; en ese periodo fallecieron 15.541 mujeres y 17.252 tuvieron una fractura, de que en 4.259 fue una fractura de cadera.

Los investigadores vieron que en el caso de las mujeres un mayor consumo de leche no parecía asociarse con una reducción en el riesgo de fractura. Además, Por otra parte, las mujeres que bebían más de tres vasos de leche al día (680 ml) tenían un mayor riesgo de muerte que las mujeres que bebían menos de un vaso de leche al día (60 ml).

En cuanto a los varones, éstos fueron seguidos durante un promedio de 11 años; durante dicho periodo murieron 10.112 y 5.066 tuvieron una fractura, que fue de cadera en 1.166 casos. En esta ocasión también se apreció un mayor riesgo de muerte asociado con un mayor consumo de leche, aunque era menos pronunciado que en las mujeres.


Inflamación

Un análisis más detallado mostró una relación entre el consumo de leche y los biomarcadores de estrés oxidativo y la inflamación. Sin embargo, un alto consumo de productos de leche fermentada 8 (incluyendo el yogur y el queso), con un contenido de lactosa baja se asoció con menores tasas de mortalidad y de fractura, especialmente en las mujeres.

Los investigadores concluyen que un mayor consumo de leche no se acompaña con un menor riesgo de fractura y, por contra, puede estar asociada con una mayor tasa de muerte. Por ello, aseguran, es posible que exista un vínculo entre la lactosa y galactosa de la leche y este riesgo. «Nuestros resultados pueden cuestionar la validez de las recomendaciones de consumir altas cantidades de leche para prevenir las fracturas por fragilidad: sin embargo, deben interpretarse con cautela dado el diseño observacional del estudio».

El trabajo, apunta en un comentario Mary Schooling, de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), plantean una posibilidad fascinante acerca de los daños potenciales de la leche. Sin embargo, insiste en que la dieta es difícil de evaluar con precisión y refuerza el mensaje de que los resultados deben interpretarse con cautela. «Debido a que el consumo de leche puede aumentar a nivel mundial, se debería establecer el papel de la leche y su relación con la mortalidad de forma definitiva», concluye.


Más de 10.000 años

En este sentido, el doctor José Manuel Moreno, de la Asociación Española de Pediatría, afirma que la leche de vaca ha formado parte de la alimentación en gran parte de Europa en los últimos 10.000 años y, en su momento, la tolerancia a la leche constituyó una ventaja adaptativa. Moreno explica que aunque en los últimos 20 años y han surgido algunas voces discrepantes, también dentro de la comunidad científica. Sin embargo, reconoce en una artículo publicado en «Pediatría Integral», «la repercusión de estas discrepancias es muy superior a lo que podía esperarse de la mera discusión científica». La población, apunta, «debe recibir mensajes claros respecto a los hábitos saludables y a las recomendaciones dietéticas».

Por eso, añade, es preciso continuar recomendando que los niños y jóvenes consuman leche y derivados lácteos diariamente en cantidades adecuadas.


¿Por qué SI debemos tomar lácteos?

La leche forma parte de la alimentación humana desde el Neolítico. Su consumo habitual ha contribuido notablemente a mejorar la salud de la población ya que se trata de un producto seguro, de vida relativamente prolongada y asequible. Fuente de calcio, vitaminas y proteínas de elevado valor biológico, se asocia con una disminución de la mortalidad infantil y de enfermedades como la hipertensión arterial, la anemia o la obesidad. Sus múltiples beneficios hacen que sea recomendable un consumo de entre 2 y 4 raciones de productos lácteos al día, según la Organización Mundial de la Salud.

Con motivo del Día Mundial de la Leche, el 1 de junio, la Fundación Española de Nutrición y la Fundación Iberoamericana de Nutrición presentan La leche como vehículo de salud en la población, un informe que pone de manifiesto el papel de las leches adaptadas para cubrir el déficit de ciertos nutrientes tales como los ácidos grasos omega-3, el calcio o la vitamina D. “Consumir leches adaptadas a los diferentes requerimientos nutricionales de cada etapa de la vida puede ser una adecuada estrategia para satisfacer las necesidades nutricionales específicas de cada persona”, ha afirmado el presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (Finut) y catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de Universidad de Granada, Ángel Gil, durante la presentación del documento en Madrid.

Esta misma idea es defendida por el presidente de la Fundación Española de Nutrición y catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad San Pablo CEU de Madrid, Gregorio Varela, que se apoya en la alta penetración de la leche higienizada en España, donde “la consumen a diario el 95 por ciento de los hogares”, apunta. Además de sus beneficios para la salud, Varela destaca la integración de la leche en la dieta diaria y es que “no solo importa lo que se come sino cómo se come. Los desayunos y las meriendas no serían lo mismo sin leche, ni tampoco el trabajo diario sin el café con leche del descanso”, afirma.

Además de estos motivos, hay otras razones científicas recogidas en el informe que justificarían la bondad de beber leche. A continuación, un resumen de los principales aspectos recogidos en el estudio:

Es fuente de aminoácidos esenciales

La leche contiene todos los aminoácidos esenciales, entre ellos, la isoleucina (necesaria para la formación de la hemoglobina y para estabilizar y regular los niveles de energía y de glucosa en sangre), la leucina (que promueve la cicatrización del tejido muscular, la piel y los huesos) y la lisina, que tiene como función garantizar la absorción adecuada de calcio y, al igual que la valina, también presente en la leche, mantener un equilibrio adecuado de nitrógeno en los adultos. Además, la lisina ayuda a la producción de anticuerpos y a la formación del colágeno que constituye el cartílago y el tejido cognitivo.

Contiene péptidos bioactivos

La leche contiene péptidos bioactivos con propiedades beneficiosas demostradas científicamente para el sistema inmunitario, cardiovascular y digestivo. Por ejemplo, “existe una asociación inversa entre el aumento del consumo de productos lácteos y la disminución de la hipertensión arterial”, afirma Gil.

Ácidos grasos saludables

A pesar de que la grasa de leche ha sido considerada como no beneficiosa por su alto contenido en ácidos grasos saturados, estudios recientes demuestran que no solo no es perjudicial para la salud cardiovascular y enfermedades crónicas como el síndrome metabólico y la diabetes, sino que podría tener un efecto protector.

Ácidos grasos monoinsaturados

De los ácidos grasos que contiene la leche, alrededor de una tercera parte está compuesta por ácido oleico. La ingesta de ácidos grasos monoinsaturados se relaciona con la reducción del colesterol LDL o “colesterol malo” y los triglicéridos, así como con el aumento del colesterol HDL o “colesterol bueno”.

Ácidos grasos poliinsaturados omega-3

El último informe sobre consumo de grasas publicado por la Organización Mundial de la Salud en 2013 recoge que la ingesta de ácidos grasos omega-3 es beneficiosa para la salud cardiovascular, en especial por sus efectos de disminución de triglicéridos, tensión arterial y procesos inflamatorios ligados al proceso de aterosclerosis. Aunque los ácidos grasos están presentes en la dieta, fundamentalmente en el pescado azul, más de un 60 por ciento de la población adulta española no consumiría la cantidad recomendada de ácidos omega-3, según el estudio Fuentes alimentarias y adecuación de la ingesta de ácidos grasos omega-6 y omega-3 en una muestra representativa de adultos españoles, publicado en 2013.

Es rica en vitamina A

La vitamina A es especialmente importante en el crecimiento, el desarrollo, la inmunidad y la salud ocular. Según los datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud en 2012, la deficiencia de esta vitamina afecta a 190 millones de niños en edad preescolar y a 19,1 millones de mujeres embarazadas, elevando el riesgo de ceguera nocturna, infección y mortalidad. La leche entera se considera una buena fuente de esta vitamina liposoluble.

Contiene vitaminas del complejo B

La leche proporciona entre un 10 y un 15 por ciento de la ingesta diaria recomendada de vitaminas del complejo B, que participan en varias rutas metabólicas como la síntesis de hormonas y la obtención de energía a partir de los nutrientes. Las más destacables son la B12 y la rivoflavina.

Suple las carencias de vitamina D

Según un estudio de la European Food Safety Authority (EFSA) realizado en 2013, un alto porcentaje de niños europeos no alcanza la cantidad diaria recomendada en vitamina D; la baja ingesta de esta vitamina también es prevalente entre los adultos españoles. Esto, unido a la baja exposición al sol por un uso incorrecto de los fotoprotectores y la reducción de las actividades al aire libre, constituye un problema de salud pública, ya que la vitamina D tiene importantes efectos fisiológicos, no solo a nivel óseo sino también inmunológico. En este sentido, las leches fortificadas en vitamina D pueden ser una buena alternativa para paliar estas deficiencias.

Es un importante aporte de calcio

La leche es la principal fuente dietética de calcio, no solo por su elevado contenido de este mineral, sino también por su alta biodisponibilidad gracias a otros componentes de la leche: vitamina D, proteínas, fósforo, etcétera. El calcio y la vitamina D son interdependientes. Esta vitamina influye en la absorción del calcio, clave para el desarrollo óseo y dentario, así como para la prevención de la osteoporosis y la reducción de fracturas óseas.

Otros minerales presentes en la leche son el fósforo, el zinc, el sodio, el potasio, el yodo, el selenio y el cromo.

Contiene fibra

Los oligosacáridos de la leche son azúcares complejos que funcionan como sustratos de crecimiento selectivos para las bacterias beneficiosas específicas del sistema gastrointestinal. Asimismo, producen efectos contra patógenos y previenen la infección y adhesión de algunas bacterias y virus, como el VIH. La leche tendría también efectos positivos sobre el estreñimiento. Según un estudio llevado a cabo en pacientes ancianos con estreñimiento leve, el consumo durante tres semanas de yogur enriquecido con galactooligosacáridos, ciruelas y semillas incrementa la frecuencia de las deposiciones y la facilidad para defecar, como recoge el informe La leche como vehículo de salud para la población.

Actúa como prebiótico

Además de los oligosacáridos, la leche tiene un alto contenido en lactosa, otro hidrato de carbono que tiene una función principalmente energética. La lactosa ejerce un efecto beneficioso en la absorción intestinal de calcio y magnesio. La elevada concentración de lactosa en la leche puede contribuir al crecimiento de microorganismos beneficiosos, actuando como prebiótico. Además, según Ángel Gil, “está comprobado que la lactosa induce una respuesta insulinémica menor que otros azúcares, por lo que es beneficiosa para el tratamiento de la diabetes tipo 2”.

Suplementada con hierro, ayuda contra la anemia
La anemia causada por la deficiencia de hierro es uno de los principales problemas nutricionales a nivel mundial, con más de 700 millones de personas afectadas. De todos los minerales presentes en la leche, el hierro es el que aporta en menor cantidad. Suplementar las leches de continuación con hierro se asocia con una disminución de la carencia de este mineral en la infancia.

Nuestra postura

Tal y como hemos descrito al principio del artículo, la controversia esta servida. Que estudios son realmente aplicables a nuestro día a día? Creemos que ambos artículos tienen parte de razón, por lo que pensamos que buscar un equilibrio entre ambos sería lo más coherente.

Evita los lácteos mayormente procesados y disminuye su consumo si éste es realmente elevado. El equilibro entre lo mucho y lo poco es lo comedido. No te decimos que dejes de tomar lácteos, pero si que reduzcas su consumo. Evita la leche entera o sus derivados y toma por ejemplo, leche de avena. Consume yogures y otros productos similares con menos de 5 ingredientes en su composición evitando así los más “adulterados”. Piensa que muchos de los productos que consumimos a diario ya llevan lácteos, por lo que no es necesario aumentar su ingesta en nuestra dieta.


No obstante somo nosotros mismos nuestras mejores “cobayas”. Durante un tiempo disminuye la cantidad de los mismo y observa como se comporta tu organismo. O por el contrario aumenta su consumo si prácticamente no lo hacías. Solo tu podrás saber cual es el punto más adecuado para tu cuerpo y como reacciona frente a los efectos de los lácteos.
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